
El 22 de abril, me levanté nerviosisima. Por fin era el día. Por primera vez en casi 16 años, iba a coger el avión y a salir fuera de la península, ese día, por fin, me iría con mis amigos a pasar cinco de los mejores días de mi vida. A las 11 y media de la mañana, salí de mi casa junto con un amigo de camino al aeropuerto. A cosa de las 12:30, ya estábamos allí. Me quedé impactada al ver lo enorme que era aquello. Al embarcar, llegamos a un centro comercial, el cual, sin exagerar, era más grande que el centro comercial de mi ciudad.
Se acercaba la hora, eran las 16:00h y ya estábamos dentro del avión. Quedaban apenas media hora para que el avión despegase. Nervios, nervios y más nervios. Despegamos. El nudo que se me formó en el estómago fue increíble, una sensación única. El trayecto, de tres horas y media por cierto, fue bastante aburrido, pero se me pasaron bastante rápidas para decir verdad.
Ya eran las 20:00h cuando llegamos al hotel. Nada más llegar allí, dejamos las maletas y nos pusimos a cenar. Y para finalizar el día, salimos por la noche a dar una vuelta por Puerto de la Cruz. Había casas muy bonitas, todo muy verde, y sobre todo, muy diferente a donde estoy acostumbrada a vivir, todo aquello era muy diferente a Barcelona.
Fuimos hacia un acantilado y vimos por primera vez el Océano Atlántico. A cosa de las 23:00h de la noche, nos fuimos de vuelta al hotel.
Al día siguiente nos esperaba un largo e increíble día...